miércoles, 2 de noviembre de 2011

Objetividad en la crianza de nuestros hijos

     En mi día a día tanto profesional como personal soy observadora de multitud de situaciones que se generan entre padres e hijos. Quizá como deformación profesional es algo que considero de gran valor, ya que me ayuda a aprender de situaciones novedosas para mi. Sin embargo, desde hace ya algunos meses se repite una y otra vez la misma situación y siempre llego a la misma pregunta ¿nos comportamos de manera objetiva con nuestros hijos? o ¿como ya todos sabemos de todo, nos sentimos con los conocimientos necesarios para juzgar y criticar cualquier situación que se nos presente?

     La situación en cuestión es la siguiente: un niño de una edad suficiente como para saber lo que hace, molesta a alguien. Este alguien le recrimina y los padres, que no están centrados en la actitud de sus hijos sin pedir más información se enzarzan en una discusión con la persona que ha reprendido al niños, sólo por el hecho de tratarse de su hijo. ¿actuamos bien?¿estamos siendo justos con el adulto? ¿y con el niño?

     No voy a entrar a juzgar si los padres estaban o no atentos del niño en cuestión, ya que a veces hay imprevistos que nos lo dificulta. Pero el hecho de que esta situación se dé, como padres nos debe dar una pista de que algo ha pasado, quién tiene la culpa desde mi punto de vista nos debe dar igual en un primer momento ya que debemos estar dispuestos hacia la escucha de ambas partes.

     A nuestras generaciones, jóvenes que empezamos a tener hijos, no nos queda lejos cuando ante algo así nuestros padres nos regañaban como si se acabara el mundo y nos castigaban casi de por vida. Pero tampoco se trata de eso, ya que había veces que ni nos enterábamos que habíamos hecho. El conocer la versión del niño es importantísimo, para no ser injustos, pero también para fortalecer la confianza del niño hacia nosotros, sus figuras de referencia. Eso no quita que si el niño ha actuado mal se le indique, de una forma u otra.

     Lo que más me incomoda son las consecuencias que se derivan de este hecho. Por suerte no siempre es así, pero me centro solo en los casos más llamativos o que a mi más me molestan. El niño sale victorioso, los padres refuerzan su conducta negativa y no se dan muestras de un feed back de qué está bien y que está mal, por lo que no se les enseña. Esto lo considero de gran injusticia para el menor, que se va a volver a encontrar con adultos extraños que recriminen su conducta y los adultos de referencia que le dan el mensaje contrario.
   
     Los niños necesitan rutinas, necesitan que siempre se actúe igual ante una misma situación para que ellos puedan anticipar. Si frente a otros les protegemos y en la intimidad les regañamos por lo mismo no van a saber actuar y de aquí a la inseguridad y la falta de autoestima hay un paso: ¿me regañarán?¿soy malo?

     Es sólo una reflexión, pero me gustaría que sirviera para que vosotros también pensarais si somos objetivos cuando se trata de nuestros hijos o nos dejamos llevar por nuestros impulsos más primarios de protección hacia nuestros pequeños.

viernes, 28 de octubre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte IV): Jacobson

  Para terminar con el aprendizaje de la relajación,  veremos de qué forma lo harán los adolescentes y adultos. El grado de concentración y el control corporal requerido ya es mucho más elevado.

   La respiración aquí es esencial, lo más importante para llegar a un verdadero estado de calma. Para ello comenzaremos las primeras sesiones únicamente practicando la respiración diafragmática. 

    Empezamos tumbados, con ropa cómoda, ojos cerrados y en un ambiente sin ruidos que nos distraigan. Podemos usar música de relajación, chill out, clásica,... Las manos, al principio deberán estar encima del diafragma para notar que lo estamos haciendo correctamente, esto es entre el abdomen y el cierre de las costillas; posteriormente, cuando ya hayamos adquirido práctica podemos colocar los brazos al lado del cuerpo.

    Cogemos aire por la nariz, contamos despacio hasta tres y soltamos muy lentamente por la boca, hasta vaciarnos de aire por completo. Si al principio os agobian los tiempos, no os preocupes, coged aire y soltarlo sin retenerlo, poco a poco veréis como va siendo más fácil retenerlo.

   Cuando controlemos la respiración tumbados la practicaremos sentados y por último de pie, así en el momento de tensión, respirar nos aliviará de forma casi inmediata.
      
     Por otra parte, la relajación física, la iniciaremos tras controlar la respiración tumbados y lo haremos de la siguiente forma:
    - Miembros inferiores: levanta   horizontalmente tu pierna derecha arqueando el pie derecho hacia atrás en dirección a la rodilla con la punta del pie. Experimentarás una desagradable sensación de tensión muscular en tu pierna y pie derechos. Repite ahora el ejercicio y siente como se ponen en tensión la pantorrilla, los muslos, la rodilla, los pies,…Ahora vas a aflojar lentamente todos los músculos que tienes en tensión. Tu pierna derecha está relajándose cada vez más. Notas cómo tus músculos se van aflojando. Experimentas una sensación agradable de reposo y bienestar en tu pierna derecha. Estas mismas instrucciones se aplican a la pierna izquierda.
   - Miembros superiores: vas a concentrar toda tu atención en tu mano derecha. Aprieta el puño y siente cómo los músculos y siente cómo tu mano se pone en tensión. Afloja la mano y relájala. Estás notando cómo tu mano derecha se relaja y experimentas una sensación muy agradable de tranquilidad y reposo. Ahora experimentas un gran calor en tu mano derecha y notas cómo pesa mucho. La mano derecha está muy pesada. Piensa en ello durante unos segundos. Tu mano está relajada. Concéntrate en ella. Aprieta de nuevo tu mano derecha y tensiona los músculos de tu brazo. Observa cómo experimentas una sensación desagradable de cansancio y fatiga. Ahora afloja completamente la mano y el brazo. Nota como pesa tu brazo hasta prácticamente el punto en que no lo notas. Un gran calor invade tu brazo y experimentas una agradable sensación de descanso y relajación. Las mismas instrucciones sirven para la mano y brazo izquierdos.
   - Cara: tu atención se dirige a la frente. Arruga poco a poco tu frente subiéndola hacia arriba. Ahora arrúgala fuertemente. Notas como una desagradable sensación de tensión. Tu nariz y tus cejas se ponen tensas. Afloja los músculos de tu frente. Nota la diferencia de tu frente con respecto a la tensión anterior. Ahora tu frente está relajada. Aflojas los músculos de tu frente cada vez más. Experimentas una agradable sensación de bienestar, de reposo, de tranquilidad.
    Concéntrate ahora en tus ojos. Cierra los ojos apretándolos fuertemente. Siente como la tensión se apodera de toda la zona próxima a tus ojos. Tus párpados están en tensión, notas cómo alrededor de tus ojos se contraen los músculos. Ahora vas a ir aflojando muy lentamente tus ojos. Deja de apretarlos con fuerza y relájalos. Cada vez más. Observa la diferencia. Ahora te encuentras mucho más relajado. Tus ojos experimentan una agradable sensación de frescor.
     Concéntrate ahora en tus labios. Arruga fuertemente tus labios. Nota la tensión en el labio superior y en toda la zona alrededor de los labios. Es una sensación desagradable de cansancio. Concéntrate en ello. Ahora vas a relajar los labios aflojándolos poco a poco. Tus labios están cada vez más descansados. Apenas lo notas y experimentas en tus labios una sensación muy agradable de reposo.
     Te concentras ahora en tu mandíbula. Aprieta fuertemente los dientes. Siente cómo la tensión muscular invade los dos lados de la cara y las sienes. Es una sensación de fatiga. Ahora separa los dientes y relaja la cara. Relájala cada vez más. Experimentas una agradable sensación de tranquilidad con tu cara relajada. Toda la cara está en reposo, sin moverse.
     -Torso: tensa fuertemente los músculos de tu estómago comprimiéndolos hasta que notes lo duro que se pone. Experimenta también la tensión del ombligo. Todo tu estómago está en tensión. Ahora afloja lentamente los músculos de tu estómago y nota como ha cambiado la sensación de antes. Ahora la sensación es mucho más agradable, tu estómago está flojo, en reposo, apenas lo notas. Es una agradable sensación de reposo. Respira lenta y pausadamente. Muy lentamente. Inspira por la nariz y mantén en tus pulmones el aire durante unos segundos. Ahora expulsa el aire por la boca hasta vaciar completamente tus pulmones.


     Para finalizar la relajación vamos a volver a centrarnos en la respiración y mentalmente repasar todos los músculos del cuerpo. Entonces abrimos los ojos muy lentamente y permanecemos así unos segundos antes de levantarnos.


     Es conveniente empezar con dos repeticiones al día de 10 minutos cada uno al empezar e ir reduciendo a medida que la práctica nos dote de un entrenamiento que nos facilite entrar en el estado deseado. Recordad que los tiempos los marcáis vosotros, no tengáis prisa, cuanto más afiancemos cada ejercicio,antes se generalizará y podréis usarlo cuando realmente lo necesitamos.


     

viernes, 30 de septiembre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte III): Koeppen

       Las técnicas de relajación, como ya hemos visto, tienen como objetivo trabajar las respuestas ante situaciones que generan ansiedad y/o miedo. El método de Koeppen es una de las muchas metodologías que se basan en la relación existente entre el estado físico y emocional, por lo que relajando, mediante la tensión y distensión, nuestros músculos, llegaremos a un estado de tranquilidad generalizado. Esta técnica se usa con niños desde que ya pueden seguir órdenes hasta los 10-11 años, ya que a partir de esas edades las demandas pueden resultarles muy infantiles y desmotivarse, por lo que podemos no llegar hasta nuestro objetivo. Así mismo, como el resto de técnicas, además de enseñar al niño cómo relajarse, también le estimula a aprender a reconocer y discriminar la tensión que tiene cuando se pone nervioso o agresivo.

  Al igual que se aprende cualquier otro tipo de habilidad, enseñar al niño a relajarse implica que éste debe practicarlo en la misma medida que lo haría con el resto de habilidades.

Para que resulte efectivo, debemos prestar atención y seguir con especial cuidado las siguientes pautas:

   · Es importante que, al principio y hasta que el niños pueda hacerlos solo, haya un                                                        adulto regulando el proceso.
        · Dependiendo del grado de afectación del niño se puede realizar las veces que sean necesario, si bien al inicio como mínimo una vez al día, sobre todo antes de acostarse. Es fundamental que seáis constantes al realizarlo para que aprenda a hacerlo solo siempre que lo necesite.
             · Cuando comencemos el entrenamiento con el niño hay que asociar la tensión con incomodidad y bienestar, por lo que deberá estar tumbado en un lugar cómodo (cama, sofá,...), con ropa cómoda, temperatura adecuada, etc.
        · Cuando se inicia el programa se irán ensayando progresivamente los grupos musculares a relajar, trabajando tres grupos de músculos como máximo. El ir aumentando el número de grupos a relajar se decidirá viendo la evolución de cada niño. En ningún caso el niño debe cansarse o resultar una tarea aburrida o aversiva.
       · Cuando ya el niño ha dominado cada fase de tensión distensión, se pueden ir tensando grupos a la vez grupos a la vez para disminuir el tiempo, así podemos unir:
              Manos, antebrazo y brazos
              Frente, nariz, mandíbula
                            Cuello, hombros y estómago


        · Se puede usar música relajante para reforzar la sensación de calma y relajación, pero no es imprescindible. La música debe ser elegido por el niño, ya que si elegimos una música que no le gusta podremos crea el efecto contrario a la relajación. Lo que sí es imprescindible es que haya, sobre todo al principio calma y tranquilidad.

     El primer paso es entrenar en la respiración diafagmática, esto es muy difícil para muchos adultos por lo que aún más para los niños. Para ello el niño debe estar tumbado cómodamente en la cama sin que le oprima ninguna prenda ni le moleste ningún objeto próximo. Se le pedirá que cierra los ojos. A continuación, trabajaremos la respiración cogiendo aire por la nariz muy despacio, reteniéndolo durante 3 segundos y soltándolo por la boca muy lentamente hasta que se quede sin aire. Se repite el ejercicio unas 5 ó 6 veces endenteciendo gradualmente el ritmo respiratorio.
  
  Podemos comenzar sin retener el aire, ya que cuando no se está acostumbrado genera un poco de angustia, e ir progresivamente reteniendo un poco más. Para conseguir que conozcan hacia dónde tienen que llevar el aire, podemos dejar una de nuestras manos encima del diafragma, que se encuentra entre la caja torácica y el abdomen. Otro truco es que hinchen la tripa lo más que puedan ya que así nos aseguramos que el aire llega hasta esta zona.

Después de un par de semanas practicando la respiración (dependiendo del niño necesitará más o menos tiempo), pasamos a la relajación progresiva de Koeppen, tal y como hemos indicado al principio, por zonas y luego agrupando zonas del cuerpo. Al niño debemos indicarle las siguientes pautas:

     Manos y antebrazos: “Imagina que tienes un limón en tu mano izquierda y tratas de exprimirlo intentándole sacar el máximo jugo posible. Concentra tu atención en tu mano y en tu brazo cuando están apretando. Ahora deja caer el limón y nota cómo están tus músculos cuando están relajados. Volvamos a exprimir el limón. Ahora imagina que aprietas el limón con mucha más fuerza que antes. Nota lo tenso que tienes tu manos y tu brazo”. Repetimos el proceso con la mano derecha.

     Brazos y hombros: “Imagina que eres un gato peludo y perezoso que quiere estirarse. Para ello estira tus brazos hacia el frente y súbelo por encima de la cabeza todo lo que puedas. Siente el tirón en tus hombros. Levanta aún más tus brazos. Ahora deja que tus brazos caigan al lado del cuerpo. Bien gatito, estírate de nuevo.  Estira tus brazos al frente y súbelos por encima de tu cabeza. Llévalos atrás, más atrás, tira mucho. Ahora déjalos caer. Esta vez  tienes que conseguir estirarte aún más. Trata de alcanzar el cielo. Estira los brazos al frente, súbelos por encima de la cabeza, ponlos atrás. Nota la tensión y dureza en los brazos rápidamente y nota que bien se encuentra uno cuando está relajado. Te sientes bien, contento y a gusto”.

     Hombros y cuello: “Ahora imagina que eres una tortuga. Estás sentado sobre una roca, en una charca tranquila y agradable, relajándote bajo el calor del sol. Aquí te sientes bien, calentito. Oh no! Notas que un peligro se acerca. Pones tu cabeza dentro de caparazón. Tratas de poner tus hombros junto a tus orejas y tu cabeza más debajo de tus hombros. No es fácil ser una tortuga dentro de su caparazón. El peligro ha pasado. Puedes salir fuera al calor del sol, relajarte y sentir ese calorcito. ¡Cuidado de nuevo! Deprisa, pon tu cabeza dentro de tu casa y estate muy apretadito. Bien puedes relajarte de nuevo. Vuelve a relajar tu cabeza y tus hombros. Nota como te sientes de bien ahora en comparación a cuando estabas rígido y tenso. Una vez más ¡peligro!, mete tu cabeza. Pon tus hombros junto a tu cabeza y mantente rígido. No permitas que ni siquiera una mínima parte de tu cabeza se vea por fuera de tu caparazón, mantente firme. Nota la tensión en tu cuello y hombros. Bien, de nuevo puedes salir. De nuevo estás a salvo. Relájate y recréate en tu seguridad. Ya no hay más peligro. Nada te preocupa. No tienes miedo a nada. Te sientes bien”.
  
     Mandíbula: “Imagina que tienes un chicle en la boca, es duro de mascar. Haz que te ayuden los músculos del cuello. Ahora relájate. Deja tu mandíbula colgando, suelta. Nota que bien te sientes ahora que tu mandíbula está suelta. Ataca de nuevo al chicle. Mastícalo fuerte. Apriétalo con tus dientes. Ahora relájate de nuevo. Deja que tu mandíbula caiga más que antes. Siente lo bien que estás ahora que no tienes que luchar con el chicle. Una vez más, vamos a intentar partir el chicle del todo. Aprieta fuerte tus dientes. Tan fuerte como puedas. ¡Más fuerte! Relájate de nuevo, relaja todo el cuerpo. Has conseguido derrotar la chicle. Quédate tan suelto como puedas”.

     Cara y nariz: “aquí viene un  moscardón molesto. Se ha posado en tu nariz. Trata de deshacerte de el sin utilizar las manos. Así, arruga la nariz. Frúncela tanto como puedas. Bien lo has ahuyentado. Ahora puedes relajar tu nariz. Uf! Aquí viene de nuevo. ¡Échala fuera! Arruga tu nariz. Apriétala tanto como puedas. Bien de nuevo ha echado a volar, puedes relajar tu cara. Nota que cuando arrugas fuertemente tu nariz, tus mejillas, tu boca, tu frente y tus ojos te ayudan y entonces también se ponen tensos. Por tanto, cuando relajas tu nariz, toda tu cara también se relaja, entonces tú te sientes bien. ¡Oh no, vuelve de nuevo el moscardón! Pero esta vez se posa en tu frente, frúncela. Trata de atraparlo entre todas las arrugas de tu frente. Ya puedes soltar, se ha ido para siempre. Ahora puedes relajarte. Deja que tu cara se quede lisa, no la arrugues nada. Tu cara se siente bien, suelta y relajada”.

     Estómago: “eh, aquí viene un lindo elefantito, pero no mira por donde va. No ve que estás en el césped y está casi a un paso de tu estómago. ¡No te muevas! No tienes tiempo de irte de su camino. Prepárate para detenerlo. Pon tu estómago duro. Mira como se va por otro camino. Ahora puedes relajarte. Deja suelto tu estómago. Siente lo relajado que está, esto te ha sentir mucho mejor. ¡Oh, vuelve! Prepárate, endurece tu estómago, ponlo muy duro. Si él pisa sobre ti cuando tu estómago está duro se lastimará y se irá. Ya puedes relajarte. Nota la diferencia entre un estómago duro y un estómago relajado, así es como queremos sentirnos: bien, sueltos y relajados. Tu has conseguido sentirte así, pero el elefante se da la vuelta y va hacia ti. Ponte tenso, más. Ahora se va para siempre. Puedes relajarte completamente, estás a salvo. Todo está bien y tú puedes sentirte tranquilo y relajado”.

  “Ahora imagina que quieres pasar por una estrecha valla y los tablones tienen astillas. Tienes que hacerte muy delgado si quieres pasar al otro lado. Para ello tienes que meter tu estómago hacia dentro. Trata de apretarlo junto a tus costillas. Intenta hacerte tan fino como puedas. Lo has atravesado, ya puedes relajarte. No es preciso que continúes estando estrecho. Relájate y siente cómo tu estómago se encuentra bien y suelto. Bien, trata de atravesar la valla de nuevo. Pon tu estómago hacia dentro, como si quisiera tocar tu espalda. Ponte tan estrecho como puedas. Ponte tenso. Ya la has cruzado. Ahora puedes relajarte. Sepáralo de tu espalda y ponlo en su sitio. Ahora puedes sentirte muy bien”.

     Piernas y pies: “ahora pretendes estar derecho (de pie) descalzo sobre un gran charco de barro. Aprietas tus dedos del pie contra el barro. Intenta que tus dedos del pie lleguen al fondo de la charca de barro. Quizá necesites que la empujen tus piernas. Empuja, separa los dedos y nota como el barro pasa entre ellos. Ahora pisa fuerte el barro. Relaja tus pies. Deja sueltos tus dedos y nota lo bien que te encuentras cuando estás relajado. Vuelve a la charca de barro. Introduce de nuevo los dedos del pie. Deja que los músculos de las piernas ayuden a los dedos a empujar. Empuja, fuerte. Bien, sal fuera de nuevo. Relaja tus piernas, tus pies y los dedos de los pies. Nota lo bien que se está relajado. Nota una especie de tranquilidad y hormigueo.


     Siempre, para terminar la relajación el niño tiene que abrir lentamente los ojos y permanecer medio minuto aproximadamente tumbado sin moverse, ya que el cambio de estado, y más si se encontraba muy nervioso, puede producir mareos o hacer que el niño se encuentre extraño. 

martes, 13 de septiembre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte II): El método Shantala

     La primera metodología , si me permitís que la llame así,  que voy a describir es principalmente para los niños más queños. El método Shantala tiene su origen en  la India, donde es una práctica habitual desde que los bebés nacen, sus madres les masajean no sólo como una forma de relajarles sino como la manera de establecer un vínculo fuerte y una comunicación  con ellos. 

     La técnica de Shantala la introdujo en Europa un médico francés, Frederick Leboyer, al que le fascinó ver como las madres masajeaban a sus hijos en la calle todas de la misma forma. El nombre de Shantala hace referencia a la madre a la que observó hasta que aprendió lo suficiente como para enseñar Shantala en su continente.

     Por supuesto, no es la única forma de relajar a un bebé, ya que cantarle una nana, la hora del baño, contarle un cuento, ponerle música relajante, acariciarle,... además del resto de técnicas de masaje infantiles, son buenas prácticas, pero particularmente a mi es la que más me gusta por la conexión que se genera. 

     Antes de comenzar debemos encontrarnos en un estado de tranquilidad, si nos tomamos esto como una obligación más no veremos ninguna de las ventajas ya comentadas y generará nerviosismo tanto en el niño como en el adulto. 

     Posteriormente, nos echamos en las manos un poco de aceite para masajes infantiles, aceite o crema corporal. En cuanto a los aceites hay muchos tipos, podéis preguntar en herbolarios o bien  informaros del que puede ser más adecuado en http://www.masajeinfantil.es/productesesp.html).  

     Cuando ya nos sentimos preparados para empezar, debemos pedir permiso al niño para entrar en contacto con él, ya que vamos a invadir su espacio. Para esto debemos comunicárselo a la vez que le enseñamos nuestras manos como señal de inicio del masaje. No debemos forzar al niño, ya que si nosotros debemos tener una actitud positiva, el niño debe recibirlo como algo positivo y no tener malas experiencias. Por ello debemos evitar realizarlo en momentos complejos de salud: con cólicos (aunque con el tiempo los previene), cuando le están saliendo los dientes, si están acatarrados, etc.

     En internet y en todas las librerías podéis encontrar numerosos videos y libros explaicativos sobre como poner en práctica Shantala. Os pongo unos videos que reproducen de una forma simple y clara como poner en práctica Shantala. Es importante seguir el orden establecido, cuidar la mirada y lo que le decimos:

     - Empezamos por la zona del pecho:
     - Continuamos con los brazos y manos:
     - Seguimos con la zona abdominal:
    - Después piernas y pies:
     - Damos la vuelta y masajeamos la espalda:
                    http://www.youtube.com/watch?v=g-Wz2heZeQg 
     - Y terminamos por la cara:

     Espero que disfrutéis de la experiencia...


lunes, 12 de septiembre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte I)

     La vuelta al cole nos lleva de nuevo al ritmo frenético del día a día, prisas, falta de tiempo, etc. Aunque la vuelta a la rutina es muy buena para los niños, el levantarse pronto, desayunar rápido para irse al cole y no llegar tarde, actividades extraescolares, deberes,... puede producir en ellos ansiedad. Parece que este término se refiere más a adultos, sin embargo cada vez hay más niños que lo padecen y pueden llevar a problemas afectivos como una depresión o afectar en su vida escolar mostrándose con un fracaso académico.

     Esto llega a tales extremos porque nosotros, los adultos, también estamos dentro de esa dinámica de estrés.  Por lo tanto es recomendable que se acompañe al niño en la realización de las técnicas de relajación que voy a describir en los siguientes posts. Siempre debemos tener presentes que somos el modelo más cercano de los niños.

     El aprender a relajarse es una práctica que podemos llevar a cabo desde que nace el bebé. A medida que va creciendo sólo hay que cambiar de metodología. Aunque el estado "relajado" parezca implícito en los niños, hay niños que viven tensos y no saben que existe otra sensación corporal, es algo normal para ellos. Enseñando relajación estamos resaltando la importancia de preguntarnos de vez en cuando cómo estamos y a su vez mostrando la diferencia entre el estado de tensión y de relajación por lo que hacemos que estén capacitados para cambiar su estado se forma conscientes cuando así lo requieran. Además les preparamos para poder afrontar situaciones difíciles que pueden surgirles en un futuro: separación de los padres, pérdidas afectivas, sobreexigencias escolares,...

     Los niños que presentan ansiedad pueden (o no) mostrar uno o varios de los siguientes síntomas:

               · Molestias físicas: dolores de cabeza, estómago,...
               · Empeoramiento del rendimiento académico tanto en el colegio como en casa.
               · Cambios bruscos de estado de ánimo, llegando en ocasiones a la agresividad o tristeza absoluta con llanto constante.
               · Pesadillas, dificultades para dormirse o se despiertan muchas veces. A veces esto se nota porque duerman las horas que duerman siempre se muestran agotados.
               · Trastornos relacionados con los hábitos alimenticios: atracones, falta de apetito,...

     En el caso de encontrar estos síntomas debemos analizar la situación del niño y ayudarle a organizar su día a día de forma que no le genere ansiedad sus actividades cotidianas.

     

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Los celos


      Los celos en niños de cualquier edad se pueden producir por numerosos motivos. Aunque el más común es la llegada de un hermano, este sentimiento lo podemos encontar ante situaciones tales como atender las necesidades de otro hijo, un sobrino, ..., prestar atención a nuestra pareja o simplemente pararnos por la calle a mirar un bebé.

      Los celos como cualquier otra emoción no debemos reprimirla, es lo que sentimos y no podemos juzgar si es algo bueno o malo. Cuando aparecen debemos enseñar al niño a reconocer lo que le está ocurriendo, ponerle un nombre y enseñarle a resolver ese malestar.Hablar de emociones de forma habitual favorece el reconocimiento de las mismas y con esto conseguimos que entienda el porqué ha aparecido y cómo debe actuar. Y a partir de ese momento, como ya vimos en el post de autonomía, dejarle que experimente y aprenda cual es la mejor forma para resolver ese estado.

        En el momento en el que esperamos el nacimiento de un hermano, lo que podemos hacer para anticipar los celos es, desde el embarazo, hacerle partícipe de la preparación que conlleva traer al mundo a un bebé. Ayudar a decorar la habitación, comprar ropa, sentir al pequeño dentro de la tripa de mamá o elegir su nombre le ayudará a aceptar el futuro cambio.

      Una vez que nace, todas las atenciones son para el bebé y los niños tienden a sentirse solos y desplazados por lo que aunque sea difícil, sobre todo los primeros días, hay que buscar un hueco al día para el juego y el diálogo en exclusiva con el hermano mayor. Aprovechad situaciones cotidianas como ir a por el pan dando un paseo, la hora de irse a la cama o las horas de las comidas mientras el pequeño duerme. En este momento es importante que siga ayudando en los cuidados del nuevo miembro de la familia: baño, cambio pañales; dependiendo siempre de la edad de los niños y hablándoles siempre de responsabilidad.

      Por otra parte, los celos entre hermanos, dependiendo de la edad que tengan estos, puede llegar a provocar situaciones muy complicadas en el núcleo familiar, con discusiones entre padre y madre buscando soluciones al problema. El diàlogo entre la pareja es fundamental ante tal  

      Para los celos hay mucha literatura infantil, personalmente los que más me gustan son las dos colecciones de sm:

- Cuando estoy... (celoso, triste, enfadado,...). Tracey Moroney. Ed SM
- Cuentos para sentir. Begoña Ibarrola . Ed SM

viernes, 6 de mayo de 2011

La autonomía (Parte II)

Los adultos en la dinámica de la familia, el aula, … podemos facilitar todos los aprendizajes necesarios para favorecer el desarrollo de un niño autónomo. Os dejo algunas claves para hacerlo:

·Adecuar las demandas hacia el niño a su desarrollo evolutivo (no exigir ni más ni menos de lo que puede hacer). Para ello se debe tener presente la etapa en la que se encuentra el niño. Puede ser muy positivo buscar información en libros, revistas, internet, etc. sobre evolutiva.
•Acompañarle para servirle de modelo siempre que sea necesario. No podemos exigirle nada que no le hayamos mostrado con anterioridad. Siempre tenemos que tener presente que los niños van a repetir nuestras conductas por lo que si nos ven haciendo repetidamente aquello que queremos que interiorice resultará mucho más sencillo.
•Enseñárles la planificación de la actividad: es imprescindible que el niño conozca por qué pasos debe  pasar para llegar a su objetivo satisfactoriamente. No podemos pedirles que lleguen a un objetivo que les hemos marcado sin antes ponerles pequeñas metas y que aprendan progresivamente.
•Verbalizarles mensajes positivos: “tu solo que ya sabes”, “qué bien lo estás haciendo”, “ánimo que falta poquito”, etc. La autoestima del niño es algo que debemos tener siempre presente.
•Olvidarnos del tiempo y las prisas: es necesario buscar un buen momento para comenzar, sino se puede caer en intentos fallidos que sirven al niño para aprender que si lo hacen mamá o papá ellos no se tienen que esforzar. Buenos momentos son fines de semana o periodos vacacionales.
•Permitirles cometer errores: si castigamos el error estamos frenando la motivación para seguir intentándolo.

     Sin embargo, a veces no conseguimos que nuestros hijos sean independientes y responsables. En estos casos habitualmente nos encontramos con que, en la mayoría de los casos de forma inconsciente, son los padres los que frenan a los niños debido a:
•La sobreprotección: por una excesiva preocupación hacia los niños, en ocasiones  anticipamos toda clase de peligros y situaciones conflictivas y hacemos una prevención que no siempre es necesaria.
•Transmisión de miedos: actuamos con los niños según nuestros propios miedos e inseguridades por lo que fomentamos que aparezca en ellos. Para que esto no ocurra, como adultos distinguiremos peligros reales (se puede dar con la esquina de la mesa) a peligros potenciales (no hagas... que te caes, que te manchas,etc.). 

     También es importante medir los daños que se puede causar el niño ya que no actuaremos igual si se puede raspar ligeramente las rodillas que si se puede hacer una brecha.
•Uso de nuestra experiencia: fomentamos que nuestros hijos no cometan los mismos errores en los que caímos nosotros alguna vez, coartando así su aprendizaje por sus propias vivencias
•Miedo a ver que se hacen mayores y no nos necesitan tanto como antes.

   Por lo tanto, en resumen debemos:
•Ofrecerles alternativas para que elija.
•Dejarle actuar reconociendo su esfuerzo cuando se enfrenta a dificultades.
• No atosigarlo con preguntas.
• Hacerle pensar antes de darle respuestas.
• Enseñarle a buscar soluciones ante las dificultades a las que se enfrente.
• Apoyarle y reforzarle positivamente en todo momento.

miércoles, 27 de abril de 2011

La autonomía (Parte I)

     Cuando hablamos de autonomía infantil parece que todo es muy evidente y que no hay mucho que descubrir, sin embargo la realidad es otra, en el día a día debido a la prisas, la culpabilidad de pasar cortos periodos de tiempos con nuestro hijos o simplemente la comodidad a la hora de educar a los niños, suele ser una de las mayores causas de consultas a especialistas de padres de niños que presentan conductas poco apropiadas en casa o en el colegio, desobediencia o problemas relacionados con extremada timidez, inseguridad y baja autoestima.

     La autonomía es la capacidad que poseen los niños para actuar por sí mismos, en su vida cotidiana, en las diferentes áreas de su desarrollo físico, cognitivo, social y afectivo, teniendo siempre en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra.
     
   Es muy importante tener en cuenta que el niño autónomo es aquel que realiza las tareas por propia iniciativa, sin que intervenga el adulto. Muchos padres consideran a su hijo autónomo porque obedece sin protestar sus peticiones, si bien el niños no posee el impulso necesario para responsabilizarse, según su edad, de sus propias necesidades ( lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes, tener la habitación recogida, etc).
     
     Como, por lo general en todos los aspectos de la psicología infantil, lo más apropiado es empezar desde que el niño pasa los primeros meses de vida. El concepto que solemos tener a cerca de la autonomía comienza a los 2 o 3 años con la iniciación del niño en higiene personal (cambio de pañal a orinal, lavado de manos, etc.), sin embargo podemos fomentar esta capacidad desde que dejamos al niño con dos meses en el suelo en una manta para fomentar mediante la estimulación de objetos su movimiento: levantamiento de parte superior en puños, paso de las manos de línea media, volteo, gateo, etc. Empezaremos por lo tanto por la autonomía física para casi paralelamente trabajar el área emocional (dormir en su propia habitación, quedarse un ratito sólo jugando, etc.).

     Esta independencia de la que hablamos es tan imprescindible debido a que el niño tiene que desarrollarse en muchos aspectos a lo largo de su infancia para formarse progresivamente como persona adulta, por lo que debemos fomentarlo para ayudar al niño a:

     - Presentar una autoestima fuerte que le generará una gran seguridad en sí mismo en un futuro cercano. Esto se produce porque crecen con el mensaje “tú puedes”. Así mostramos al niño su gran capacidad de aprendizaje y esto le motiva a continuar, planteándole nuevos retos en los que pensar y esforzarse para conseguirlo.
   - Aumentar la capacidad de tomar decisiones: el aprendizaje que genera sus actividades cotidianas, es interiorizado como posibles estrategias de resolución para situaciones futuras similares.  
    - Facilita el afianzamiento de estrategias para la resolución de situaciones conflictivas, mediante la puesta en práctica de diferentes acciones que llevará a cabo hasta encontrar una que le funcione.
   - Desarrollar la tolerancia a la frustración: el niño aprende por ensayo y error por lo que si le dejamos equivocarse y resolver ese sentimiento de fracaso aprenderá a no abandonar al primer intento y será constante hace su meta.
    - Aumenta la responsabilidad personal: siendo autónomo le haremos conscientes de sus necesidades y el niño se motivará hacia su consecución.

martes, 12 de abril de 2011

Audición y aprendizaje

  La semana pasada acudí a una charla sobre cómo los problemas auditivos pueden afectar muy negativamente al aprendizaje y confundirse con problemas tales con disgrafías, dislexias, trastornos generalizados del aprendizaje, déficit de atención, etc.

      Por este motivo es muy importante, cuando nos enfrentamos a un problema de bajo rendimiento escolar, primero descartar problemas en vista y en oído. Para ello acudiremos siempre a médicos especialistas, para que le realicen pruebas acordes con las necesidades de cada niño. Se aconseja una revisión anual.

      Me centraré más en el oído, puesto que me gustaría compartir lo aprendido ayer.

      El oído tiene tres funciones que se relacionan entre sí:  escuchar la información que viene del entorno, cuidar y orientarnos en el equilibrio postural y estimular nuestro cerebro. Fijarnos en cómo un niño se sienta o su movimiento corporal y la forma de contestarnos es muy importante ya que esto nos dará mucha información de cómo nos está  escuchando.

      Existen tres predominancias laterales, es decir podemos escuchar los sonidos principalmente por el oído derecho, izquierdo o indistintamente dependiendo del tono y su intensidad. Debido a que nuestro cerebro procesa la información en espejo cuando oímos principalmente por el oído derecho, la información pasa directamente al hemisferio izquierdo donde tenemos el área de recepción y comprensión de información. Si bien, cuando la información viene principalmente por el oído izquierdo, ésta va al hemisferio derecho primero, no encuentra las áreas necesarias y transmite los datos izquierdo. Podemos observar esto en niños que tardan en contestar a cualquier pregunta que les hagas por sencilla que sea.

    Mayores dificultades encontramos cuando dependiendo del tono en el que hablemos o la intensidad del fonema al producirlo, se capta por los diferentes oídos, ya que cada una de las letras que nos están diciendo nos llegan a diferente velocidad. Esto es porque los sonidos que llegan por el oído derecho llegan antes que los del izquierdo y al escribir  ponemos los fonemas en el orden en el que nos llegan.Lo vemos en niños que escriben letras de una palabra cambiadas (als en vez de las), que no comprenden a nivel oral y escrito, etc.

        Es por ese motivo por el que cuando, tanto en casa como en el aula que el niño no nos está escuchando, tarda en contestar, etc, debemos procurar hablarle por el lado derecho para estimular que su audición principal e produzca por esa vía. Así mismo, si el niño tiene dificultades atencionales, además de hablarle por el lado derecho debemos tocarle por este lado porque esto le está diciendo al cerebro que todo el lado derecho del cuerpo  se tiene que poner en alerta. Por otra parte, si lo que queremos es demostrar cariño es mejor la entrada por el oído izquierdo para que llegue más directamente a los centros del control afectivo.

En la práctica podemos trabajar esta lateralidad diestra de la siguiente forma:

· Fomentar la comprensión auditiva con audiocuentos, ya que los niños son muy intuitivos y entre los dibujos y el contexto sacan mucha información sin haber leído correctamente el cuento.
· Evitar los cascos y, si es necesario, que no sean de introducir en el oído.
· Enseñar a los niños a escuchar música y los cambios de tonalidades y de ritmos.
· Para estimular el lado derecho colocar la mano derecha sobre el texto ya que        
igual que he comentado antes, el cerebro recibe la alerta de que la parte derecha 
debe abrirse a la información del entorno.
· Niños con problemas posturales elevarle un poco el libro, apoyándolo sobre un
archivador en forma de cuña.
· Observar a los niños con muchas otitis ya que son candidatos a este tipo de problemas. La otitis produce mucha concentración de mocos, que en ocasiones no es liberada. Un tapón, por pequeño que sea, hace que la audición disminuya y pierda calidad de un día para otro. El niño se acostumbra a no oír, por lo que en su entorno no notan la diferencia. La ingesta de líquidos es imprescindible para que esto no se produzca.


Un niño que no oye, es un niño que no aprende y por lo tanto no evoluciona en su vida.

domingo, 27 de marzo de 2011

Presentación

Este blog está destinado a  mamás, papás y profesionales de la educación, así como demás adultos que interactúan con niños y adolescentes en cualquiera de sus áreas de desarrollo: física, cognitiva, afectiva y social.

Semanalmente se publicará un post  diferente con orientaciones prácticas, pautas de actuación y recursos psicopedagógicos para trabajar tanto a niños con dificultades definidas como problemas del día a día que dificultan la convivencia en la familia, colegio, etc.

Saludos!